EHS
La decadencia del liderazgo revolucionario en la Sudáfrica post-Apartheid
Discurso de Khwezi Kadalie, Presidente de la Escuela de Trabajadores Marxistas de Sudáfrica al PCGB-ML en Bristol, Birminham, Leeds y Londres, 6-12 febrero 2012.
Quisiera agradecer al Partido Comunista de Gran Bretaña (Marxista-Leninista) la oportunidad de dirigirme a esta audiencia. Quisiera aprovechar la oportunidad para daros a vosotros, y a todos los camaradas, amigos y compañeros trabajadores aquí presentes el más profundo, sentido y revolucionario saludo de los miembros del Colegio de Trabajadores Marxistas de Sudáfrica y además, un saludo del proletariado de Sudáfrica.
Las políticas del imperialismo y nuestras clases dirigentes capitalistas siempre han intentado dividir al pueblo, dividir a la clase trabajadora, posicionar a los trabajadores locales en contra de los trabajadores inmigrantes, posicionar a los trabajadores a jornada completa contra los trabajadores a tiempo parcial…y, por supuesto, posicionar a los trabajadores de los países imperialistas contra los trabajadores de los países del denominado “tercer mundo”.
Nuestra posición es clara: el objetivo de interés para la clase trabajadora sudafricana y para la clase trabajadora británica es el mismo. Tenemos un enemigo común; estamos unidos en una lucha común contra el capitalismo y el imperialismo. Por lo tanto decimos: juntos, la clase trabajadora de Sudáfrica y Gran Bretaña, y la del mundo entero, luchará por un mundo mejor; un mundo en el que no haya explotación y opresión, un mundo en el que el hambre y la ignorancia sean una cosa del pasado, un mundo en el que aquellos que producen la riqueza en la sociedad, la clase trabajadora, debe gobernar y beneficiarse.
Juntos debemos luchar y juntos debemos resultar victoriosos en esta lucha. Es por esta razón que estamos aquí, para forjar un vínculo de amistad y solidaridad entre las clases trabajadoras sudafricana y británica; una unión duradera nacida de la lucha revolucionaria contra la explotación capitalista y la dominación imperialista.
Sudáfrica durante y después del Apartheid
Camaradas, algunas organizaciones de trabajadores, partidos revolucionarios y camaradas y amigos que se nos unieron internacionalmente en nuestra lucha contra el Apartheid tenían grandes expectativas puestas en el Congreso Nacional Africano. Millones de personas conocían el programa político de nuestra lucha de liberación nacional – La Carta de Libertad.
La Carta de Libertad sentó la base para una Sudáfrica libre y democrática, en la que negros y blancos, gente de color[1] e indios vivieran como iguales. La Carta de Libertad demandaba que la tierra debía ser entregada de vuelta al pueblo, y que las minas y bancos debían ser nacionalizados.
Claramente, ni el asunto de las tierras se ha resuelto ni las minas y bancos han sido nacionalizados.
Por contra, se da a la comunidad internacional información contradictoria sobre el progreso económico de Sudáfrica, mientras que al mismo tiempo se la alimenta con información sensacionalista respecto al presidente del ANC[2], Jacob Zuma, y el presidente de la Organización Juvenil del ANC, Julios Malema. Informaciones publicadas en torno al Sida y el crimen han deslucido la imagen internacional de Sudáfrica.
Para entender la situación actual, debemos dar un paso atrás y rememorar la histórica lucha contra el Apartheid, y debemos mirar cómo ha cambiado la situación económica y social bajo el gobierno del ANC.
Durante la lucha anti-Apartheid, la principal contradicción se encontraba entre el sistema racista de apartheid y el pueblo negro de Sudáfrica, como los Africanos, Indios y gente de color. Así, la lucha anti-Apartheid fue liderada por el movimiento de liberación nacional, el Congreso Nacional Africano (ANC) en alianza con el Partido Comunista de Sudáfrica y el Sactu, el Congreso Sudafricano de Sindicatos de Comercio.
Esta alianza, liderada por el ANC luchó contra el sistema de apartheid políticamente, a través de la lucha armada y mediante la organización de un movimiento internacional para aislar y boicotear el sistema de apartheid.
La heroica lucha de nuestro pueblo, llevada a cabo durante varias décadas y con sacrificios indecibles, finalizó con la liberación, en 1990, de todos los prisioneros políticos, algunos de los cuales, como nuestros líderes Nelson Mandela y Walter Sisulu, habían permanecido encarcelados durante 27 años. El régimen del apartheid tuvo que legalizar todas las organizaciones políticas prohibidas como la ANC, SACP, PAC, AZAPO y otros. Transcurridos cuatro años de este cambio, el sistema de apartheid se colapsó y comenzó el gobierno democráticamente elegido del ANC.
El nuevo gobierno asumió el control de toda la maquinaria estatal, con todas sus estructuras incluyendo a los antiguos funcionarios que habían servido al sistema del apartheid. Además, la nueva administración se basaba en una constitución burguesa, que había sido negociada entre el ascendente ANC y el entonces, años 1992/3, partido gobernante, el Partido Nacional.
Desde 1994, por lo tanto, Sudáfrica ha sido una democracia burguesa, en los que los derechos de propiedad de la clase capitalista dirigente se consagraron en la constitución y se ratificaron en las leyes del país, impulsada por la policía y la judicatura. Es precisamente por esta razón que, desde 1994, la principal contradicción en Sudáfrica ha sido entre la clase dirigente capitalista y la clase trabajadora.
Aunque todos los partidos políticos en Sudáfrica niegan este dato fundamental.
De los revolucionarios a los reformistas
Durante los años del Apartheid, la clase capitalista que poseía los medios de producción en Sudáfrica gobernaba mediante un estado de apartheid racista y fascista; gobernaba a través de la fuerza bruta. Opresión abierta y directa, torturas y asesinatos, detenciones arbitrarias y la intimidación masiva de toda la población negra eran el orden del día, con el objeto de explotar al trabajador negro pobre, no sólo para el enriquecimiento de la clase capitalista blanca sino también para el beneficio social y económico de toda la población blanca.
Después de 1994, cuando el apartheid fue derrotado por la lucha de la liberación nacional, la principal contradicción en Sudáfrica se dio entre la clase capitalista dirigente y la clase trabajadora. La clase capitalista dirigente comenzó a gobernar mediante una democracia burguesa, el mismo tipo de gobierno que Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, describieron como la dictadura de la burguesía.
De la mano de esta transición, el Congreso Nacional Africano, nuestro antiguo movimiento de liberación, se ha ido transformando paso a paso a través de los años, en un partido socialdemócrata.
El oportunismo se ha convertido en una fuerza sustancial dentro de la cúpula dirigente. Es más, todo el liderazgo del Congreso Nacional Africano y el revisionista Partido Comunista de Sudáfrica ha sido socialmente corrompido. Está integrado en la clase media hasta tal extremo que estos líderes no pueden ver su propio futuro y sus propios intereses separados del futuro y los intereses de la burguesía blanca y de la emergente clase media negra.
En este punto, ni el liderazgo del ANC ni el del SACP pueden ya representar los intereses objetivos de los militantes de base de sus organizaciones. Tampoco representan ya las aspiraciones de sus miembros.
La base social de ambas organizaciones esta formada por gente corriente de la clase trabajadora y sus familias, que se revuelven cada vez más contra el liderazgo oportunista. Esto encuentra su expresión en las cada vez más violentas luchas internas en los congresos y reuniones, y en la emergencia del faccionalismo dentro de estas organizaciones.
Todos los partidos políticos de Sudáfrica niegan el hecho de que la principal contradicción en nuestro país a día de hoy es la existente entre la mano de obra y el capital. Es por esto que está prosperando la democracia social.
A la clase trabajadora sus líderes le dicen que todos nos estamos en el mismo barco –junto con el capital – y que debemos comportarnos “patrióticamente” para “fortalecer Sudáfrica juntos”. Mientras, los capitalistas reducen y se deshacen de millones de puestos de trabajo. El desempleo ha alcanzado el 46%, y la pobreza y el hambre se propagan como el fuego. Y todavía se le dice a la clase trabajadora que la única respuesta es aguantar hasta tiempos mejores y ser más patriótico.
Mientras se agudizan las contradicciones entre la mano de obra y el capital, millones de trabajadores expresan su enfado y su frustración a través de huelgas combativas y protestas. Con números decrecientes de trabajadores que se inscriben para votar, y números decrecientes de los registrados molestándose en acudir, más del cuarenta por ciento de la población en edad de votar están expresando su desilusión, manteniéndose alejados de las urnas.
Todos los partidos políticos, incluyendo el ANC y el SACP, de varias formas y con varios niveles de intensidad, están implicados en lo que Karl Marx describió como perfeccionamiento del estado capitalista existente.
Se le dice a la clase trabajadora que la fase actual de la revolución es la revolución nacional-democrática. En realidad, esta línea no es nada más que una llamada a la colaboración con la clase capitalista dirigente, y por ende con sus políticas y programas. Todas las campañas que se han desarrollado en Sudáfrica en los últimos 17 años no son sino intentos de perfeccionar la maquinaria del estado capitalista e incrementar la eficiencia del sistema capitalista de explotación.
¡Además, esto se vende a la clase trabajadora y a la población general como “hacer a Sudáfrica competitiva internacionalmente”!
























